Hay veces en las que la vida te muestra su sabiduría
poniendo a tu vera momentos, bien de
mieles o bien de espinas, como espejos en los que te reflejas. A veces
son esperpentos de ti misma, como me ha ocurrido hoy.
Serían sobre las cuatro, me encontraba sentada en un banco
del parque cercano a mi casa.
No haría ni una hora que había acabado de comer y el ténue
sol me daba de lleno en la cara,
adormeciéndome. De repente, una voz a mi lado hizo que mis ojos se abrieran y
que mis neuronas empezaran a despertar.
- - Buenas…creo que voy a sentarme en este banco…mejor
éste que está a la sombra.
Ladeando la cabeza, me encontré con una señora entrada en
años y también en carnes.
- - Buenas tardes…si…si
Fue lo máximo que logré decir. Mis neuronas todavía no
estaban a pleno rendimiento, mi sonrisa sí.Y así, sin comerlo ni beberlo, me
encontré metida de lleno en una casi conversación.
Ipso Facto, se levantó y me comentó titubeando:
- - Es que ya llevo quince días saliendo a
caminar…es que mi médico me lo ha dicho…
- - Caminar! Eso es muy bueno- dije yo con mi media
sonrisa y dos de mis neuronas despiertas-.
- - Es que siempre llego hasta aquí y me siento en
el banco y luego me vuelvo a casa.
A todo eso, daba tres pasos con intención de seguir adelante
y titubeante, los daba hacia atrás.
- - Bueno, por algo se empieza…ya verás como en unas
semanas llegas un poco más adelante, hasta la cruz de Valencia, si todo es
ponerse.
A pesar de que había cortado por lo sano mi ensoñación, mi
actitud era la de empatizar con ella y trasladarle la poca energía que mis
dormidas neuronas me permitían.
- - Es que mi hijo me ha dicho que el paso de cebra
es muy peligroso y que yo no podría ir más
allá…
Anonadada, así me sentía. Mi vena rebelde a punto de
estallar, mis neuronas-ni te cuento-despertándose a pasos de gigante y mis
púpilas dilatadas, sin dar crédito a lo que mis oídos escuchaban.
-Cómo que no? Tú inténtalo. Madre mía y si te lo propones
vas a ir hasta el próximo pueblo.
- Tú crees?- dijo mirándome desconfiadamente- Es que mi hijo
dice que no podré ir porque el paso de cebra es muy peligroso…voy a ver…
- Claro que puedes, mujer. Faltaría más.
Yo miraba el susodicho paso de cebra que se encontraba en un
cruce de una rotonda, y miraba la carretera: ningún coche por aquí, ningún
coche por allá…y seguía mirando y buscaba alguna clase de peligro. La verdad es
que un Domingo a las cuatro de la tarde, en un pequeño pueblo el tráfico era inexistente, y peligros…lo que se
dice peligros…habían pocos. De repente, una tercera neurona hizo su aparición
en mi mente adormecida: no será que el susodicho peligro sea que esta mujer se
de cuenta que sí…que puede llegar más lejos si se lo propone…que sí puede
cruzar el paso de cebra y seguir adelante. Parece ser que esto sí sería un
peligro…y mi tercera neurona, no contenta con eso, empezó a preguntarse: la
están manipulando?, será sumisa?, para quién es un peligro? Y por qué?
Ufff Demasiadas preguntas para mis tres neuronas perezosas.
Dirigí la mirada hacia la señora y ya estaba …a mitad del
paso de cebra! Desde mi banco, le levanté el pulgar en señal de triunfo, le
mandé una gran sonrisa de satisfacción y ella me regaló su sonrisa. Y siguió
andando hasta llegar a cruzar todo el paso de cebra ¡Victoria!
Se dio la vuelta y sus ojos irradiaban felicidad, yo la
aplaudí y le hize señas con la mano para que continuara, me dijo adiós con la
mano y siguió andando. De vez en cuando se volvía y al verme allí seguía
caminando.
Sé que no llegó hasta la cruz, aunque sé que simplemente
cruzar el susodicho paso de cebra tan peligroso, la motivaría lo suficiente
para continuar hacia adelante. Y bueno, aunque parezca una historia fruto de
mis tres neuronas,no es así, acaba de ocurrirme, sí, en pleno siglo XXI ocurre esto. Un episodio
sencillo que, a diario, ocurre a una mayoría de mujeres sencillas y que yo he
intentado transmitir con la mayor sencillez. Bueno, y con la sencillez de mis
tres neuronas.-




