miércoles, 13 de julio de 2016

PASO DE CEBRA.-

Hay veces en las que la vida te muestra su sabiduría poniendo a tu vera momentos, bien de  mieles o bien de espinas, como espejos en los que te reflejas. A veces son esperpentos de ti misma, como me ha ocurrido hoy.
Serían sobre las cuatro, me encontraba sentada en un banco del parque cercano a mi casa.
No haría ni una hora que había acabado de comer y el ténue sol  me daba de lleno en la cara, adormeciéndome. De repente, una voz a mi lado hizo que mis ojos se abrieran y que mis neuronas empezaran a despertar.
-         -    Buenas…creo que voy a sentarme en este banco…mejor éste que está a la sombra.
Ladeando la cabeza, me encontré con una señora entrada en años y también en carnes.
-          -   Buenas tardes…si…si
Fue lo máximo que logré decir. Mis neuronas todavía no estaban a pleno rendimiento, mi sonrisa sí.Y así, sin comerlo ni beberlo, me encontré metida de lleno en una casi conversación.
Ipso Facto, se levantó y me comentó titubeando:
-        -     Es que ya llevo quince días saliendo a caminar…es que mi médico me lo ha dicho…
-        -     Caminar! Eso es muy bueno- dije yo con mi media sonrisa y dos de mis neuronas despiertas-.
-         -    Es que siempre llego hasta aquí y me siento en el banco y luego me vuelvo a casa.
A todo eso, daba tres pasos con intención de seguir adelante y titubeante, los daba hacia atrás.
-         -    Bueno, por algo se empieza…ya verás como en unas semanas llegas un poco más adelante, hasta la cruz de Valencia, si todo es ponerse.
A pesar de que había cortado por lo sano mi ensoñación, mi actitud era la de empatizar con ella y trasladarle la poca energía que mis dormidas neuronas me permitían.
-         -    Es que mi hijo me ha dicho que el paso de cebra es muy peligroso y que yo no podría ir más  allá…
Anonadada, así me sentía. Mi vena rebelde a punto de estallar, mis neuronas-ni te cuento-despertándose a pasos de gigante y mis púpilas dilatadas, sin dar crédito a lo que mis oídos escuchaban.
-Cómo que no? Tú inténtalo. Madre mía y si te lo propones vas a ir hasta el próximo pueblo.
- Tú crees?- dijo mirándome desconfiadamente- Es que mi hijo dice que no podré ir porque el paso de cebra es muy peligroso…voy a ver…
- Claro que puedes, mujer. Faltaría más.
Yo miraba el susodicho paso de cebra que se encontraba en un cruce de una rotonda, y miraba la carretera: ningún coche por aquí, ningún coche por allá…y seguía mirando y buscaba alguna clase de peligro. La verdad es que un Domingo a las cuatro de la tarde, en un pequeño pueblo el  tráfico era inexistente, y peligros…lo que se dice peligros…habían pocos. De repente, una tercera neurona hizo su aparición en mi mente adormecida: no será que el susodicho peligro sea que esta mujer se de cuenta que sí…que puede llegar más lejos si se lo propone…que sí puede cruzar el paso de cebra y seguir adelante. Parece ser que esto sí sería un peligro…y mi tercera neurona, no contenta con eso, empezó a preguntarse: la están manipulando?, será sumisa?, para quién es un peligro? Y por qué?
Ufff Demasiadas preguntas para mis tres neuronas perezosas.
Dirigí la mirada hacia la señora y ya estaba …a mitad del paso de cebra! Desde mi banco, le levanté el pulgar en señal de triunfo, le mandé una gran sonrisa de satisfacción y ella me regaló su sonrisa. Y siguió andando hasta llegar a cruzar todo el paso de cebra ¡Victoria!
Se dio la vuelta y sus ojos irradiaban felicidad, yo la aplaudí y le hize señas con la mano para que continuara, me dijo adiós con la mano y siguió andando. De vez en cuando se volvía y al verme allí seguía caminando.
Sé que no llegó hasta la cruz, aunque sé que simplemente cruzar el susodicho paso de cebra tan peligroso, la motivaría lo suficiente para continuar hacia adelante. Y bueno, aunque parezca una historia fruto de mis tres neuronas,no es así, acaba de ocurrirme, sí,  en pleno siglo XXI ocurre esto. Un episodio sencillo que, a diario, ocurre a una mayoría de mujeres sencillas y que yo he intentado transmitir con la mayor sencillez. Bueno, y con la sencillez de mis tres neuronas.-





miércoles, 27 de mayo de 2015

EL LORO.-

Yo fuí comercial. Lunes y lloviendo. Buen comienzo.
Por aquel entonces, trabajábamos en Telecomunicaciones. Estaban instalando el cable por esta zona y debíamos ofrecer los servicios de teléfono e internet a los clientes.
Recibí un SMS del jefe: teníamos Fresh- viviendas nuevas que ya podían acceder a estos servicios-. Era una buena noticia. Llamé a mi compañera y quedamos para ir al Zulo- oficina ilegal-. Abrigo,
paragüas, bolso, carpeta y...eso sí...toda clase de artilugios de promoción para regalar al cliente.
Tras los consabidos saludos y besos, tomamos nuestras hojas con nuestras escuetas viviendas y zarpamos raudas a nuestra zona. Lo primero que vimos al llegar fue casas viejas...muchas casas viejas...algunas eran ruínas, y un café...y allí fuimos.
Concienzudamente, estudiamos nuestras hojas de trabajo y decidimos ponernos, ipso facto, a ello.
Empezamos por una finca de tres pisos, nos pareció lo mejor que teniamos y tras llamar al timbre,
nos abrieron sin preguntar...raro, raro.
Nos miramos estupefactas y empezamos a subir las escaleras. Los susodichos tres pisos eran peor que cinco y fumadoras ambas, tuvimos que respirar cinco minutos antes de llamar al timbre.
Nos abrió un chico-hombre, cercano a los cuarenta y vimos que su apartamento- con parquet- estaba en obras.
- Hola.
- Hola, veníamos para informarle que su vivienda ya tiene servicio de cable y...
- Pasen. Les estaba esperando. Quiero Internet.
Entramos tras él. No había casi muebles. Un sofá, una estantería, una mesa pequeña, la tele y una jaula con un loro.
Anda¡ Un loro- dije yo- jijiji. Os creeis que el loro se rió igual que yo¿
Creéroslo.
- Pasad. Sentaos.
Yo miraba al loro, el loro me miraba a mí.
Nos sentamos y para romper el hielo, nos presentamos y pasamos a conocer a nuestro posible cliente.
Éste nos dijo que se había separado-como yo- y que estaba empezando de nuevo a ordenar su vida
-como yo-. Mi compañera debió ver similitudes en nuestras vidas que yo no veía, excepto la separación, y empezó a tirarle los tejos...los míos...claro. Ella se iba a casar.Así que me veo con un chico-hombre-tímido, que sin olvidarse de Internet, me tira los tejos; con un loro que se ríe si yo me río, o...igual se está riendo de mí¿
La cuestión es que mi compañera, después de ponerse las gafas-al mismo tiempo que yo- empezó a explicarle nuestros servicios. Mientras tanto, yo miraba, haciéndome la despistada, y puesto que había poco que ver...miraba al loro y me entraba la risa.
- Jajajijejojaja-decía yo.
- Jajajijejojaja-decía el loro.
Y se daba la vuelta hacia la pared.
Ésto era superior a mis fuerzas. No podía dejar de reir por tan calcada imitación, hasta las lágrimas se me escaparon. A todo esto, el loro se volvía hacia mí, se reía con mis mismas sílabas y se daba la vuelta hacia la pared.
Yo...tapándome la boca, saltándose mis lágrimas y ya mis sonidos de la risa convertidos casi que en rebuznos de asno... eso sí...imitados a la perfección por el loro...que solo me imitaba a mí.
Ante esta cómica situación, las firmas del contrato fueron rápidas: aqui...y aqui.
Contrato cerrado y más risas. Nada de ligue. Bueno...exceptuando al loro.-

martes, 26 de mayo de 2015

EL MICROONDAS.-

Yo fuí comercial.
Era un trabajo divertido,te movías, conocías gente,
pateabas la calle y, a veces, entrabas a las casas de la gente.
Siempre solíamos patearnos la calle mi compañera y yo. Ella era joven, yo más mayor. Yo fumaba.
Ella fumaba. Tomábamos café, bebíamos mucha agua.
Entonces vendíamos gas natural. Trabajábamos una zona bastante selecta de un pueblo cualquiera y
entramos a una finca cualquiera de nuestra zona. Preguntamos puerta a puerta si tenían el gas instalado, les explicábamos en qué consistía y el tipo de instalación y las diferentes tarifas a las
que podían acceder.Te encuentras todo tipo de personas en este trabajo y ese día, coincidimos con una señora que ya conociamos y que estaba muy interesada.
Se llamaba Milagros. Nos hizo entrar a su cocina y procedí a explicarle la instalación de las tuberias hasta los puntos a conectar, que eran la cocina y el calentador.
Bueno, hasta ahí todo bien.
- Milagros, lo ha entendido bien¿
- Ay si, hija mía, me lo has explicado todo muy clarito.
- Entonces...le parece bien que rellenemos el contrato¿
- Ay si, hija mía, sentémonos aquí y así estareis más cómodas para escribir.
Nos sentamos y mi compañera procedió a sacar todo el papeleo de su carpeta.
Fue entonces...justo en ese momento...
Milagros estaba eufórica y con la mejor de sus sonrisas, por la alegría de desterrar las dichosas bombonas de butano de su vida, de sopetón nos soltó:
- Bueno...entonces...ahora ya podré enchufar el microondas, verdad¿
Ninguna cascada de agua helada conseguiría el efecto que tuvieron sus palabras en nosotras...
Nos quedamos frías...nos mirábamos...queríamos reir y llorar al mismo tiempo.
Menos mal que - todo había quedado clarito-.
Yo me quedé muda, frustrada y fue mi compañera la que retomo las riendas de la conversación, la verdad que ella era muy dulce al hablar:
Milagros...usted...tiene electricidad en casa¿...verdad que si¿...Ah, si...veo varios enchufes.
Ah...pues entonces...ya puede enchufar el microondas.Además cuando le instalemos el gas podrá quitar las bombonas y enchufar la cocina y el termo y así...no se priva de nada.
Menos mal que Milagros empezó a reirse de sí misma y terminamos las tres riéndonos juntas.
- Ay  hijas mías, que torpe he sido...con lo clarito que me lo ha explicado...Dónde firmo¿
- Aquí...aquí...aquí...aquí...y aquí y dentor de unos días la llamará el instalador para venir a instalarle, si necesita algo, aquí tiene nuestros teléfonos.
- Y vosotras ya sabeis que aquí teneis casa para lo que querais.
- Gracias Milagros.
Contrato cerrado y muchas risas.