miércoles, 27 de mayo de 2015

EL LORO.-

Yo fuí comercial. Lunes y lloviendo. Buen comienzo.
Por aquel entonces, trabajábamos en Telecomunicaciones. Estaban instalando el cable por esta zona y debíamos ofrecer los servicios de teléfono e internet a los clientes.
Recibí un SMS del jefe: teníamos Fresh- viviendas nuevas que ya podían acceder a estos servicios-. Era una buena noticia. Llamé a mi compañera y quedamos para ir al Zulo- oficina ilegal-. Abrigo,
paragüas, bolso, carpeta y...eso sí...toda clase de artilugios de promoción para regalar al cliente.
Tras los consabidos saludos y besos, tomamos nuestras hojas con nuestras escuetas viviendas y zarpamos raudas a nuestra zona. Lo primero que vimos al llegar fue casas viejas...muchas casas viejas...algunas eran ruínas, y un café...y allí fuimos.
Concienzudamente, estudiamos nuestras hojas de trabajo y decidimos ponernos, ipso facto, a ello.
Empezamos por una finca de tres pisos, nos pareció lo mejor que teniamos y tras llamar al timbre,
nos abrieron sin preguntar...raro, raro.
Nos miramos estupefactas y empezamos a subir las escaleras. Los susodichos tres pisos eran peor que cinco y fumadoras ambas, tuvimos que respirar cinco minutos antes de llamar al timbre.
Nos abrió un chico-hombre, cercano a los cuarenta y vimos que su apartamento- con parquet- estaba en obras.
- Hola.
- Hola, veníamos para informarle que su vivienda ya tiene servicio de cable y...
- Pasen. Les estaba esperando. Quiero Internet.
Entramos tras él. No había casi muebles. Un sofá, una estantería, una mesa pequeña, la tele y una jaula con un loro.
Anda¡ Un loro- dije yo- jijiji. Os creeis que el loro se rió igual que yo¿
Creéroslo.
- Pasad. Sentaos.
Yo miraba al loro, el loro me miraba a mí.
Nos sentamos y para romper el hielo, nos presentamos y pasamos a conocer a nuestro posible cliente.
Éste nos dijo que se había separado-como yo- y que estaba empezando de nuevo a ordenar su vida
-como yo-. Mi compañera debió ver similitudes en nuestras vidas que yo no veía, excepto la separación, y empezó a tirarle los tejos...los míos...claro. Ella se iba a casar.Así que me veo con un chico-hombre-tímido, que sin olvidarse de Internet, me tira los tejos; con un loro que se ríe si yo me río, o...igual se está riendo de mí¿
La cuestión es que mi compañera, después de ponerse las gafas-al mismo tiempo que yo- empezó a explicarle nuestros servicios. Mientras tanto, yo miraba, haciéndome la despistada, y puesto que había poco que ver...miraba al loro y me entraba la risa.
- Jajajijejojaja-decía yo.
- Jajajijejojaja-decía el loro.
Y se daba la vuelta hacia la pared.
Ésto era superior a mis fuerzas. No podía dejar de reir por tan calcada imitación, hasta las lágrimas se me escaparon. A todo esto, el loro se volvía hacia mí, se reía con mis mismas sílabas y se daba la vuelta hacia la pared.
Yo...tapándome la boca, saltándose mis lágrimas y ya mis sonidos de la risa convertidos casi que en rebuznos de asno... eso sí...imitados a la perfección por el loro...que solo me imitaba a mí.
Ante esta cómica situación, las firmas del contrato fueron rápidas: aqui...y aqui.
Contrato cerrado y más risas. Nada de ligue. Bueno...exceptuando al loro.-

martes, 26 de mayo de 2015

EL MICROONDAS.-

Yo fuí comercial.
Era un trabajo divertido,te movías, conocías gente,
pateabas la calle y, a veces, entrabas a las casas de la gente.
Siempre solíamos patearnos la calle mi compañera y yo. Ella era joven, yo más mayor. Yo fumaba.
Ella fumaba. Tomábamos café, bebíamos mucha agua.
Entonces vendíamos gas natural. Trabajábamos una zona bastante selecta de un pueblo cualquiera y
entramos a una finca cualquiera de nuestra zona. Preguntamos puerta a puerta si tenían el gas instalado, les explicábamos en qué consistía y el tipo de instalación y las diferentes tarifas a las
que podían acceder.Te encuentras todo tipo de personas en este trabajo y ese día, coincidimos con una señora que ya conociamos y que estaba muy interesada.
Se llamaba Milagros. Nos hizo entrar a su cocina y procedí a explicarle la instalación de las tuberias hasta los puntos a conectar, que eran la cocina y el calentador.
Bueno, hasta ahí todo bien.
- Milagros, lo ha entendido bien¿
- Ay si, hija mía, me lo has explicado todo muy clarito.
- Entonces...le parece bien que rellenemos el contrato¿
- Ay si, hija mía, sentémonos aquí y así estareis más cómodas para escribir.
Nos sentamos y mi compañera procedió a sacar todo el papeleo de su carpeta.
Fue entonces...justo en ese momento...
Milagros estaba eufórica y con la mejor de sus sonrisas, por la alegría de desterrar las dichosas bombonas de butano de su vida, de sopetón nos soltó:
- Bueno...entonces...ahora ya podré enchufar el microondas, verdad¿
Ninguna cascada de agua helada conseguiría el efecto que tuvieron sus palabras en nosotras...
Nos quedamos frías...nos mirábamos...queríamos reir y llorar al mismo tiempo.
Menos mal que - todo había quedado clarito-.
Yo me quedé muda, frustrada y fue mi compañera la que retomo las riendas de la conversación, la verdad que ella era muy dulce al hablar:
Milagros...usted...tiene electricidad en casa¿...verdad que si¿...Ah, si...veo varios enchufes.
Ah...pues entonces...ya puede enchufar el microondas.Además cuando le instalemos el gas podrá quitar las bombonas y enchufar la cocina y el termo y así...no se priva de nada.
Menos mal que Milagros empezó a reirse de sí misma y terminamos las tres riéndonos juntas.
- Ay  hijas mías, que torpe he sido...con lo clarito que me lo ha explicado...Dónde firmo¿
- Aquí...aquí...aquí...aquí...y aquí y dentor de unos días la llamará el instalador para venir a instalarle, si necesita algo, aquí tiene nuestros teléfonos.
- Y vosotras ya sabeis que aquí teneis casa para lo que querais.
- Gracias Milagros.
Contrato cerrado y muchas risas.